Hablamos y escuchamos...

A veces es muy compleja la tarea de argumentar por qué una propuesta de diseño de marca es válida y por qué otra no lo es, sobre todo cuando tomamos como referente alguno de los logos más tradicionales.

Fijémonos en el de la Coca-Cola. ¿Alguien diseñaría una marca así, siguiendo los axiomas establecidos para el diseño de un logo en la actualidad? No: sería un fracaso seguro.

El principio fundamental sobre el que ha de diseñarse una marca es la legibilidad clara. Se ha de leer perfectamente su nombre, por lo que hay grafías y tipos que quedan absolutamente desaconsejados, por muy vistosos que sean. Pero claro, en el caso de la Coca-Cola hablamos de una marca que está instalada en nuestro subconsciente casi, casi, desde que nacemos. La identificación de sus formas y colores tiene tanta pregnancia que podríamos escribir cualquier otras palabras en el lugar del nombre de marca y automáticamente diríamos que esa imagen es la de la Coca-Cola.

Hay marcas cuya presencia en nuestra vida cotidiana es constante. Sus diferentes soportes les permiten una exposición continuada, por lo que se permiten el lujo de transgredir ciertas normas que son de obligado cumplimiento para el resto de marcas. Esto es algo que hay que tener en cuenta a la hora de elaborar una propuesta: el tipo de cliente, su capacidad de penetración mediática en el subconsciente de su público-objetivo es muy importante. Imagínense uds. un modestro comerciante local que se gasta su dinero en imprimir bolsas para promocionar su negocio y cuando alguien las porta por nuestra ciudad "leemos" su marca como la de la Coca-Cola, la de Volkswagen o, lo que es peor, ni siquiera acertamos a desencriptar el nombre que se esconde en esa tipografía tan creativa bajo la que alguien ha querido enmascarar el nombre de su marca…

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